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María restaurada: Huellas de Jorge Isaacs en las colecciones del ICC

Por: Por César Mackenzie
Investigador del área de museos
Instituto Caro y Cuervo

Era 1863, en Bogotá. El joven poeta y comerciante de Cali Jorge Isaacs, llegado a la ciudad a los 27 años, fue acogido con entusiasmo por un grupo de escritores que se reunían a componer el mundo poético en la tertulia de El Mosaico. Él les habló de sus poemas. Y una noche se los leyó. Así lo cuenta el bibliógrafo del siglo xix Isidoro Laverde: “La noche del estreno ocupaban su puestos en aquella asamblea: José María Samper, Ezequiel Uricoechea, R. Carrasquilla, (…) Diego Fallon, (…) Marroquín y Vergara. Los aplausos no tardaron en dejarse oír”. Tras las delicias de las tertulias, los escritores de El Mosaico decidieron publicarlos al año siguiente. En la Biblioteca del Instituto Caro y Cuervo, instituto donde se han publicado una bibliografía de Isaacs, seis artículos sobre el escritor y su obra (en el desaparecido ya boletín Thesaurus y disponibles en la web), una tesis de grado en el Seminario Andrés Bello, se conserva el ejemplar de ese primer libro de poemas, un volumen que perteneció a José María Samper, figura central de esa generación. En esos poemas ya está el germen del siguiente libro, María, y es uno de los materiales imprescindibles para estudiar la historia del romanticismo literario en Colombia.

 

 

Pronto Isaacs, con su agudo temperamento para la escritura, tuvo su María terminada, corregida y lista para dar al público. La novela cuenta la historia del amor truncado entre María y Efraín, dos primos: a él lo envían a Londres a estudiar Medicina, ella se queda en la hacienda de su tío-padre extrañándolo y deseando su regreso. Pero no llega a cumplirse su deseo, María muere antes de que Efraín llegue a verla por última vez. Todo en María es apasionante: sus personajes, que alcanzan unas complejas honduras sicológicas y emocionales; sus temas, entre los que se destaca el de la esclavitud y las cambiantes relaciones amo-esclavo en una Colombia que vivió el desmonte del sistema esclavista desde el gobierno liberal de José Hilario López en 1851; la pasión sugerida y el erotismo de lo no dicho; en fin, todo un entramado de signos y de claves que dejan claro que María es mucho más que una novelita de amor, mucho más que un simple cuentico donde a los enamorados, llorones, los separa la muerte.

 

En 1867 los 800 ejemplares de la primera edición de la novela se imprimieron tipográficamente por el sistema de tipo suelto en la Imprenta de José Benito Gaitán y se distribuyeron en algunas tiendas de la ciudad. Prueba de que la edición se agotó pronto es este anuncio clasificado que María Teresa Cristina, investigadora y experta en Isaacs, encontró en un periódico cucuteño de 1868: “Quien quiera vender uno o dos ejemplares de la María de Jorge Isaacs, ocúrrase a esta imprenta”. El impresor y el autor recibían dinero por las ventas en esas tiendas y por el sistema de suscripción que, vendiendo por adelantado, aseguraba de cierta forma la sostenibilidad financiera del negocio. A la obra de Isaacs se había suscrito un buen número de personas y había recibido así el apoyo de influyentes personajes como José María Vergara y Vergara o Miguel Antonio Caro, con quien Isaccs tuvo al comienzo una relación cercana y de confianza.

 

Luego de muchos tropiezos e inesperados cambios de los impresores y de las condiciones del inestable mercado editorial de mediados del XIX en Bogotá, en la imprenta de Medardo Rivas se publicó, pocos años después, la segunda edición, que también se agotó rápido, aunque no a la misma velocidad de la primera.

 

Con respecto a la tercera edición, la investigadora María Teresa Cristina escribió en el prólogo a la edición crítica de María que publicó hace unos años la Universidad Externado de Colombia y que es el primer tomo de la obra completa de Jorge Isaacs: “En su retiro de Ibagué, en 1891, y con miras a una edición definitiva de María, Isaacs revisó nuevamente con sumo cuidado el texto e introdujo numerosos cambios que dejó escritos con su puño y letra en un ejemplar de la tercera edición bogotana que conserva la biblioteca de Yerbabuena, del Instituto Caro y Cuervo, el cual representa el texto definitivo de la novela que ha debido reproducirse en todas les ediciones”. La investigadora ha indagado muy bien en la edición que conserva el ICC y ha establecido hasta las páginas y los capítulos que presentan un mayor número de correcciones e indicaciones. Sin embargo, con respecto al ejemplar de María anotado por Isaacs en 1891, afirmó: “Después de hechas las correcciones fue empastado y refilado, razón por la cual fueron recortadas algunas variantes y la costura no permite leer con claridad las correcciones marcadas sobre los márgenes internos”.

 

Este fue un problema que, entre muchos otros, se solucionó con la reciente restauración que el Instituto Caro y Cuervo, por iniciativa de la Biblioteca Rivas Sacconi y del Área de Gestión de Museos, realizó a dicha tercera edición con las anotaciones y correcciones hechas por Isaacs en 1891. Además del libro se restauraron el diploma que en 1893 la Asociación de Escritores y Artistas Españoles le otorgó al escritor y por el cual le concedió el título de Socio Honorario; así como la correspondiente carta de dicha asociación en la que el presidente le escribió a Jorge Isaccs que lo habían elegido “En consideración á los relevantes méritos que adornan a Ud.”. También se restauró un altorrelieve en yeso del perfil del autor.

 

Con respecto a la restauración del libro, su objetivo ha sido detener cualquier tipo de proceso de biodeterioro activo y recuperar la integridad del documento, con el fin de facilitar su manipulación, consulta y apreciación y también con el de preservarlo. En este caso, la restauración de María y la del diploma hicieron un saneamiento hoja a hoja hasta lograr una limpieza general que se completó con el proceso de lavado por contacto. También hubo una considerable eliminación de rastros de cinta pegante o de papel encolado, así como de toda muestra de material agregado, incluso de aquellas denominadas “marcas de buena intensión” (pequeñas reparaciones que hacen los usuarios y que, sin quererlo, a largo plazo le hacen daño al documento). Se unieron las partes del libro, en este caso la portada con el lomo, y las páginas rotas se intervinieron con muselina japonesa de diversos tonos y densidades.

Sin duda, este es un gran aporte que pone el Instituto Caro y Cuervo a disposición de investigadores y de todo el público interesado en conocer más a fondo el patrimonio bibliográfico y cultural de los colombianos y su historia literaria.

 


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